Bievenida. Adelante...

Mi nombre es Sandra.
Soy farmacéutica y experta en
Salud Alimentaria para mujeres +35

Y he maquinado un
PLAN DIETOEMANCIPADOR
para que disfrutes de vivir
dentro de tu cuerpo

Únete gratis a la newsletter "LA EMANCIPACIÓN"
y aprende cómo diantres se consigue esto

Pero antes de contarte más...

¡Una advertencia para que luego no digas que no te avisé!

Entiendo que si estás leyendo esto es porque has llegado a esa edad en la que, o te cuidas, o vas a empezar a acumular pastillas y dolores como cuando coleccionabas cromos.

Así que, si buscas a alguien que te diga qué, cuánto y cuándo comer cada día como si tuvieras 5 años, ya te digo que este no es tu sitio.

Para eso ya hay miles de cuentas en internet que te dan menús cerrados, recetas con tres ingredientes y listas de la compra milimétricas.

Yo aquí te voy a tratar como a una mujer adulta que realmente quiere cambiar su forma de alimentarse. No durante una semana. No durante un mes. Sino para toda la vida.

Y, por muy bien que me puedas caer, no voy a quedarme a tu lado eternamente diciéndote qué tienes que comer para que tu cuerpo no se convierta en una incomodidad/pesadilla para ti.
Prefiero enseñarte a que te busques la vida.

Sí, soy como la Mary Poppins de la salud alimentaria: cuando ya he hecho mi trabajo, me voy a ayudar a otras mujeres.

Aclarado esto, ahora sí:

(Casi) cada día de la semana envío un correo electrónico a las Dietodependientes suscritas a «LA EMANCIPACIÓN».

Una newsletter para que te emancipes por fin de las dietas y maquines tu propio plan para que logres sentir el placer que da vivir en un cuerpo «deseable».

Te aclaro que, para la Emancipadora Suprema que te está hablando, un cuerpo «deseable» es el cuerpo saludable que deseas tener:

    • Ese con el que te puedes subir y bajar del coche sin que parezca que necesitas una grúa
    • Ese con el que vas al médico porque te resfriaste y no para ver qué pastilla te manda para bajar los triglicéridos
    • Ese con el que te sientes cómoda llevando la ropa que realmente te gusta, y
    • Ese con el que, cuando te miras al espejo, dices: «Madre emancipadora mía, qué gusto me da tener este cuerpo».

Con esto te quiero decir que conseguir los placeres y virtudes de un cuerpo «deseable» no es para nadie más que para TI.

No es para tu pareja, no es para que te vea tu vecina chismosa del quinto, ni para caber en el vestido que te pondrás en la boda de tu colega del colegio y en la que también estará tu ex.

Es simple y llanamente porque quieres disfrutar de vivir dentro de tu cuerpo.

Y te digo una cosa: no hay nada más sexy que eso.

Si leyendo esto se te está erizando la piel… entra en «LA EMANCIPACIÓN».

Y, en el correo de bienvenida, tienes un vídeo en el que te cuento mi CASO REAL sobre cómo bajé 20 kilos hace 10 años (tenía 35) y desde entonces me siento como una veinteañera (corporalmente hablando, mentalmente ni de coña).

Spolier que seguro te interesa: lo hice sin hacer ejercicio, sin obsesionarme con lo que comía y sin vivir pendiente del numerito diabólico de la báscula. Vamos, sin portarme «bien».

Lo que dicen algunas Dietodependientes que ya han estado maquinando…

Me encantó todo lo que pones y lo que cuentas. Me encanta tu proyecto, tu filosofía y tu forma de transmitir.
Yolanda D. F.
Me ha gustado mucho. Muy bien orientado y la información excelente. Contenido muy bien explicado.
Raquel M.G.P.
Buenas tardes Sandra, te escribo para decirte que me encantó, tanto el contenido como tu manera de trasmitirlo!!
Estefy M.P.
Llevaba años dando vueltas pensando que comía bien y qué va! Como cambia la cosa cuando por fin entiendes dónde estabas trabada.
Judit P.P.

Me encanta
Eres de las que se quedan con ganas de más

Pues vamos al lío.

Primero te voy a contar algo que, aparentemente, puede no venir mucho a cuento, pero la realidad es que sí. Por eso de que antes de confiar en alguien conviene saber quién es.

 

VERSIÓN RESUMIDA

Nací en el verano de 1981 en este paraíso atlántico de sol, arena y lava que es Tenerife.

De niña fui lo que se suele llamar «gordita» (término que ahora detesto, al igual que cualquier otro adjetivo que sugiera pena por no estar en los cánones de corporalidad socialmente aceptados).

De ahí que, al llegar a mi adolescencia y harta de que me hicieran sentir un ser acomplejado con mi cuerpo, decidí ponerme a «dieta».

Pero no seguí una dieta de revista. Sólo leí, leí y seguí leyendo y cambié mi forma de comer.

Lo hice por mi cuenta, pero sorprendentemente (hasta para mi madre) no cometí ninguna barbaridad.

De hecho, como se preocupó (porque pasé de «gordita» a ser una adolescente con lo que se considera un cuerpazo) me llevó al médico.

Me hizo una analítica que salió perfecta, ni un poquito de anemia.
Incluso cuando mi madre le dijo cómo comía, el médico me felicitó por la alimentación saludable que llevaba y le pidió que, por favor, dejara de insistirme con cenar magdalenas o galletas, que era lo habitual en casa.

 

A LOS 18 EMPECÉ A ESTUDIAR FARMACIA

Me licencié y, como la docencia siempre me ha gustado, hice un doctorado con la idea fija de trabajar en la Universidad.

Mientras tanto, trabajé en farmacias (estuve en varias), en la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios durante la pandemia de gripe A y en algún que otro laboratorio farmacéutico.

Y seguí formándome: un experto en nutrición por aquí, decenas de cursos de salud integral por allá y, en 2016, llegó la plaza en la universidad que tanto ansiaba.

Desde entonces doy clase a potenciales farmacéuticos, farmacéuticas y nutricionistas.

Sin embargo, 2016 no sólo fue un punto de inflexión profesional.

También lo fue a nivel corporal…

"Érase una vez una chica llamada Sandra que se metió en un bucle de "dietas absurdas""

Bien.
Ya te he puesto en contexto de mi niñez y de cuál es mi formación, pero lo que no te he contado es que, mientras todo lo anterior pasaba, allá por 2012, subí mucho de peso.

El estrés por mi inestabilidad laboral, saltando de un trabajo a otro mientras tenía que pagar la hipoteca, el préstamo de mi coche y todos los gastos de la vida adulta…

Y el hecho de que, para más inri, estaba inmersa en una relación sentimental que no me hacía feliz, pero de la que me costaba salir porque no podía añadir más desorden a mi vida.

 

RESULTADO

Cambió por completo mi forma de comer. Comía para sentir algo de placer y calmar el estrés de mi vida caótica. Lo que se tradujo en que subí 20 kilos.

No me sentía nada cómoda en mi cuerpo. Donde antes me ponía la ropa que me apetecía, ahora me sentía incómoda con prácticamente todo.

Donde antes caminaba kilómetros por el Teide sin cansarme, ahora hacía pateos en los que me tenía que parar 50 veces a coger el poco aire que me llegaba ¡y eso que era la más joven del grupo!

Pero como dejar de comer lo que me gustaba no era una opción (pues como te digo era de lo poco que me daba placer y momentos de relax en ese momento) empecé a buscar milagros.

Dietas absurdas como la del jarabe de arce, no comer e intentar pasar el almuerzo con un batido sustitutivo, pastillas que impidieran que se absorbieran la grasa de los alimentos…

Vamos, me volví una dietodependiente en toda regla. Buscaba cualquier cosa que prometiera devolverme mi antiguo cuerpo lo más rápido posible para poder volver a comer lo que me gustaba cuanto antes.

Obviamente, y si tú también has estado ahí, ya sabrás que todo esto terminaba en un irremediable fracaso.

 

AGOSTO DE 2016

Ese verano me fui a Tailandia de vacaciones.

Y al volver, obviamente, casi lo primero que hice fue descargar las fotos en el ordenador. ¿Sabes qué pasó?

¡Pues que mo me veía en ninguna!

Y no porque no estuviera, sino porque no reconocía a esa señora de 35 años que posaba en una playa paradisíaca o delante de un buda gigante.

A pesar de verme cada día en el espejo y sentir que mi cuerpo había perdido gran parte de su vitalidad, no fui del todo consciente hasta que vi esas fotos.

(Esta de aquí abajo es esa señora que supuestamente era yo.)

Antes_c

Pues bien. Después de varios minutos en shock pensé:

Si con 35 años estoy así… ¿Cómo estaré a los 50? ¿Y a los 60?

¿Llenando el pastillero?
¿Diciendo que no a planes por cansancio?
¿Quejándome todo el día de dolores?
¿Evitando mirarme al espejo o sacarme fotos porque no me gusta lo que veo?

Fue un momento de clic total en mis neuronas.

 

¿QUÉ HICE?

Dejar de buscar milagritos y tomármelo en serio.

Con todo el conocimiento que yo tenía almacenado en mi cabeza era de género tonto no aplicarlo a mi propia vida.

Así que eso hice. Maquiné mi PLAN DIETOEMANCIPADOR.

Y así soy yo ahora, con 20 kilos menos y diez años más joven en energía, movilidad y disfrute corporal.

Yo_5

¿QUIERES CONOCER CÓMO LO HICE?

Entra en LA EMANCIPACIÓN y te lo cuento en el correo de bienvenida.

Te adelanto un Spolier que suele gustar mucho: lo hice sin hacer ejercicio, sin obsesionarme con lo que comía y sin vivir pendiente del numerito diabólico de la báscula.

Scroll al inicio